jueves, 10 de septiembre de 2015

SWAB SOLO entrevista

Las comisarias de SOLO SWAB  Direlia Lazo y Carolina Ariza realizaron una entrevista junto a Eduardo Jorge para introducir el trabajo de Alejandra Alarcón 


Entrevista Completa aqui



DIRELIA LAZO, CAROLINA ARIZA Y EDUARDO JORGE HABLAN CON ALEJANDRA ALARCÓN

on jueves, 10 de septiembre de 2015



DIRELIA LAZO, CAROLINA ARIZA Y EDUARDO JORGE HABLAN CON  ALEJANDRA ALARCÓN


Direlia Lazo y Carolina Ariza repiten el comisariado de Solo Swab. La sección conserva el formato de presentaciones individuales de artistas latinoamericanos, atendiendo especialmente a aquellas prácticas artísticas de marcado carácter procesual y documental. Poéticas que exploren las narrativas de la historia y que confronten la discontinuidad y heterogeneidad del relato "oficial". Dando continuidad a la edición anterior, Solo Swab pretende ser una plataforma de pensamiento y reflexión en torno a la producción artística actual en diálogo con el contexto social político latinoamericano.

Para introducirnos la sección inauguran nuestro espacio hablando con la artista Alejandra Alarcón.


Alejandra Alarcón nace en Cochabamba, Bolivia, en 1976. Realiza la licenciatura en Sociología en la Universidad Mayor de San Simón en Cochabamba, Bolivia (2002). Paralelamente recibe una formación técnica con el maestro acuarelista José Rodríguez y en la Escuela Superior de Artes Plásticas Raúl G. Prada. Posteriormente se traslada a Ciudad de México, donde realiza la licenciatura en Artes Plásticas en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda” perteneciente al Instituto Nacional de Bellas Artes (2008). Actualmente vive y trabaja en Ciudad de México.
Su obra construye nuevas narrativas de lo femenino partiendo de historias e iconografías de cuentos infantiles como Caperucita Roja, Cenicienta, Blanca Nieves y Rapunzel. Un trabajo que “ahonda en el postfeminismo, desde el que construye una nueva imagen femenina empoderada en la seducción, pero también peligrosa en su maternidad castradora”.

Direlia Lazo: Naciste en Bolivia pero resides en México desde hace muchos años, ¿dónde iniciaste tu formación como artista?
Alejandra Alarcón: Inicié mi formación en arte en Bolivia, pero fue una formación más bien clásica, enfocada en la técnica. Posteriormente estudié una licenciatura en sociología y vine a México a hacer una maestría, pero en su lugar terminé estudiando otros cinco años de artes plásticas en “La Esmeralda”. Ambas formaciones se complementaron muy bien porque al background técnico que traía de Bolivia se le añadió una formación más conceptual y enfocada al arte contemporáneo.

DL: Tu obra transita por diferentes formatos: la acuarela, el video, la fotografía e instalaciones. En Solo Swab mostraremos una selección de tu trabajo en acuarelas, un formato que te identifica dentro de la producción contemporánea latinoamericana. Coméntanos sobre la serie que presentarás, sus orígenes y proceso de trabajo.
AA: En Swab mostraré El libro de la leche, una serie que tiene que ver con la maternidad, con los fluidos, con este cambio de identidad, con el no saber de qué forma eres ahora, no saber dónde empiezas y dónde acabas, no saber quién es tu hijo y quién eres tú, si terminó de irse o si se separó definitivamente de tu cuerpo. Una obra que reflexiona sobre un grupo de incertidumbres físicas y emocionales acerca de la maternidad. Empezó muy instintivamente, y en formato pequeño ya que con un bebé recién nacido no me quedaba mucho tiempo para trabajar,  pero sentía la necesidad de ir expresando todas estas inquietudes. Poco a poco estos dibujos que eran en un principio sólo para mí, muy íntimos, fueron tomando forma y cuerpo, se fueron volviendo más grandes, más extensos. En la serie también hay una reminiscencia a lo animal, un tema que ya he trabajado previamente y que tiene que ver con lo natural, lo salvaje, lo no domesticado, y en algún sentido es reflejo de esa sensación de no poder controlar los fluidos. La serie a su vez es parte de una trilogía que quiero desarrollar y que estará formada por El libro de la lecheEl libro de la sangre y El libro de las lágrimas.

De la serie El libro de la leche, 2015, 20 x 15 cm y 25 x 35 cm, acuarela.


DL: ¿Cómo relacionas los diferentes medios en una serie, o en un grupo de obras que comparten el mismo interés temático? En una ocasión comentaste que “la acuarela te permitía convertir en fluido tus ideas, ya que no respeta los límites del dibujo a lápiz”. Pareciera que todo emerge de este formato.
AA: La acuarela es, sin duda, el medio que transita rizomáticamente por los diferentes conceptos de mi trabajo. Utilizo la acuarela y el dibujo como la plataforma desde la que pienso, desde la que creo. Sin embargo, respeto mucho la identidad y autonomía de cada formato, y hay piezas que son pensadas como videos o fotos y terminan ahí. No siento la necesidad de emigrar a diferentes soportes en cada serie. Creo que la acuarela es una técnica infinitamente contemporánea en su sentido de la inmediatez. Ahora mismo no puedes estar mucho tiempo detenido en el proceso de la técnica en espiral y la acuarela te exige rapidez de pensamiento, te permite ir resolviendo ideas de manera muy inmediata y creativa.

DL: No obstante esa inmediatez que comentas en tu obra acontece de manera muy procesual, están muy imbricadas temáticamente, pareciera que son partes de una historia muy hilvanada.
AA: Totalmente, todo es parte de un proceso complejo, que se va develando en las diferentes series. Mis obras están muy conectadas y van transitando entre historias e imágenes. En mi producción existe una idea de camino o de laberinto invisible, es una experiencia siempre tentativa, en la que uno se mueve por intentos. Este laberinto o camino se encuentra siempre conectado en múltiples niveles. Tiene un desarrollo rizomático, en el que trabajo una red de conceptos por los que puedo transitar aleatoriamente, con varias salidas y entradas. El proceso creativo que sigo no es lineal, ni jerarquizado. De ahí que la noción de rizoma desarrollada por Deleuze y Guattari sea la metodología de mi trabajo.

Carolina Ariza: Evocabas anteriormente con Direlia la relación entre lo salvaje y lo doméstico. El Libro de la Leche habla de esta relación tan fuerte con la maternidad, no sólo desde el punto de vista físico sino también a partir de todas las transformaciones que se generan en la vida practica de una mujer. Me interesa saber cómo trasciendes este estado doméstico hacia esa forma de animalidad presente en tu trabajo.
AA: Me gusta la idea de que al pensar que somos civilizados creemos que nuestro aspecto salvaje ya desapareció, cuando en realidad siempre está presente en nuestras vidas. La maternidad nos conecta muy concretamente con lo salvaje e instintivo. Los fluidos (leche, lágrimas, sangre, menstruación) son estados corporales sin limites, cuestionan nuestra identidad y nos recuerdan esta unión ancestral con lo animal. Los fluidos al mojar, no respetan los límites, así mismo actúa el pigmento en la acuarela. Por lo general empiezo a trabajar a partir de un dibujo hecho con lápiz, para después mojar todo el papel, y sobre esta superficie totalmente mojada, comienzo a manchar. En este estado, los pigmentos no obedecen los límites impuestos por las líneas del lápiz, el fluido ejerce su voluntad. La técnica misma me enfrenta a ese sentimiento de que siempre habrá algo más fuerte que irrumpe con lo racional. En este paso del concepto a la realización de la obra se establece un juego entre lo salvaje y lo doméstico, entre lo racional y lo animal.

De la serie El libro de la leche2015, 28 x 38 cm (c/u), acuarela.


Eduardo Jorge: En los cuentos de hadas anteriores a los hermanos Grimm, las mujeres que amamantaban a los hijos de otras mujeres contaban unas historias terribles que contenían mucha sangre y mucha violencia. Los cuentos de los hermanos Grimm eliminaron toda esa violencia. Tus imágenes irrumpen con mucha fuerza, lo que me interesa es que tu trabajo reactualiza ese imaginario de los cuentos sanguinarios anteriores a los Grimm. Considerando esta relación a la narrativa y al universo de las historias, cuéntanos cómo actúa la ficción en tu trabajo, en tu imaginario y en tu quehacer artístico.
AA: Creo que al retomar la iconografía de los cuentos me doy el chance de construir mis propias historias, de integrar la sangre, los cortes, y de darle existencia a cosas que normalmente no forman parte de los cuentos de hadas. Es una manera de devolverles este lado salvaje que tenían.

CA: ¿Qué es lo que te interesa en esa deconstrucción de los cuentos de hadas, en esa desintegración de los personajes que en un principio aparecen como personajes muy pulcros, muy puros, pero que al final tienen una psicología muy perversa?
AA: Los cuentos tenían una labor civilizatoria en la cual se definía muy claramente el bien y el mal. Me interesa romper con ese aspecto moralista, relativizar el bien y el mal para mostrar que todos tenemos esos dos lados, el salvaje-animal y el domesticado, el femenino y el masculino. Justamente he pintado muchas niñas, que son aun cuerpos no civilizados ni domesticados, en donde todavía no existe el bien ni el mal.

CA: En esta relación entre el bien y el mal de la que hablas, surgen esas dicotomías presentes en tus imágenes, por ejemplo los lobos que se tratan de encontrar, o los niños que se tienen de las manos. ¿En estos juegos dobles, en esas rupturas tan violentas, buscas crear una tensión entre el amor y el desamor?
AA: Justamente esos lobos a los que te refieres, nunca se sabe si se están peleando o se están dando un beso, pareciera que se quieren unir y al mismo tiempo que se están separando. Creo que las imágenes, a diferencia de los textos escritos, tienen la fortuna de ser más ambiguas, de proponer lecturas dobles con las que me encanta jugar. Me interesa explotar ese potencial de la imagen, ese miedo en donde no identificas el límite entre la violencia y el amor, si se trata de un corte o de una unión. Si esto tuviese que expresarse en un texto escrito tendría que ser mucho más preciso a nivel verbal.

Parto sin dolor 1, 2015, 55 x 77 cm, acuarela.
El calzón de la justicia, 2011, 252 x 31.5 cm, acuarela.


EJ: Entre esas dualidades se crea un espacio para la metamorfosis que se refleja con precisión a través de la fuerza de la acuarela. ¿Cómo este medio te permite generar movimientos continuos y expresar estados intermediarios?
AA: Me gusta pensar la acuarela como un estado dionisíaco, de cambio, de latencia, en cierto modo es como la identidad que nunca termina de forjarse. Por eso dibujo niñas pulpo, que son niñas pero al mismo tiempo son pulpo; o lobos que están pariendo pero a la vez se están chupando la leche. En general son cuerpos que están saliendo de otros cuerpos y que yo represento como fluidos que impiden crear límites entre un ser y el otro. El fluido es continuo, así como lo dionisíaco es algo mojado que está escurriendo, que se está derramando, es totalmente contrario a lo apolíneo. Lo apolíneo separa y vendría a ser la línea del lápiz, mientras que la acuarela nunca divide.

CA: ¿Cómo ocurre la transición entre el rojo y el azul?
AA: Probablemente tiene que ver con la maternidad, desde que quedé embarazada ya no pude pintar cosas tan rojas. No es algo tan consciente, es como si me hubiera entrado un antojo repentino de lo azul.
EJ: ¿Cómo podemos recrear una narración de tus dibujos a través de los estados corporales de la dibujante Alejandra?
AA: Antes del Libro de la leche estaba haciendo El libro de la sangre, que tenía que ver con la menstruación, con las incisiones; El libro de la leche, la época azul, es más una época de unión. En el futuro quiero desarrollar El libro de las lágrimas. Los tres son fluidos femeninos, y aunque las lágrimas también son de los hombres, tienen una fuerza expresiva distinta desde el lado femenino.

Compostura, 2007, 35.5 x 51 cm, acuarela.
Corte real, 2009, 35.5 x 51 cm, acuarela.


CA: Me interesó mucho lo que hablaban con Direlia sobre la inmediatez del medio y la manera cómo reactualizas la acuarela. Siendo ésta una técnica más bien identificada al arte moderno tu la ves como una necesidad que por el contrario se adapta perfectamente al arte contemporáneo y a nuestro mundo de rapidez. Me gustaría que desarrollaras esta idea.
AA: Como le decía a Direlia, al ser una técnica muy veloz, permite un pensamiento visual muy inmediato, es posible desarrollar una línea de pensamiento sin tener que esperar largos lapsos de tiempo como en otras técnicas. Por otro lado, me interesaba contemporaneizar la acuarela ya que mi ciudad, Cochabamba en Bolivia, es la cuna de la acuarela a nivel continental. Los maestros acuarelistas más importantes de Sudamérica se forman en Cochabamba. Allí la técnica se enseña de manera muy tradicional para aprender a pintar paisajes o bodegones. Aprendí allí la técnica al lado de grandes maestros y luego me sirvió como instrumento para un pensamiento visual más conceptual. Contemporaneizarla implicaba que yo tenía que relacionar lo local con lo global. En el fondo, en algún lugar íntimo, la acuarela también tiene que ver con mi sudamericaneidad, con mi bolivianidad.
EJ: ¿Qué historias escuchabas cuando eras niña, qué alimentó tu imaginario?
AA: Mi madre era comunista y nos prohibía ver televisión porque según ella “difundía mucho contenido alienante e imperialista”. En esa época teníamos unos discos de vinilo de los cuentos de los hermanos Grimm que escuchábamos día y noche, los conocíamos de memoria. Mi infancia estuvo habitada por esos cuentos que nunca vi en la televisión ni en imágenes. Descubrí las versiones de Walt Disney cuando ya era adulta. Como en la Edad Media, los cuentos fueron para mí relatos orales.

Caperucita la más roja, 2007, 38 x 28 cm y 28 x 38 cm, acuarela.


CA: Me gustaría que nos cuentes de dónde proviene cada animal: los sapos, los lobos, o mejor dicho las lobas, y los animales marinos como los pulpos y los caballitos de mar. ¿Todos provienen de los cuentos de hadas?
AA: Cuando empecé a trabajar con los cuentos primero apareció Caperucita, de allí vinieron naturalmente los lobos con toda su fuerza simbólica. Luego vino Blanca Nieves, Cenicienta y Rapunzel, y luego quise inventar mi propia iconografía y así  surgieron los pulpos de la serie El olor del clan. Los pulpos me permitían hablar de los clanes familiares, de la pertenencia, de la búsqueda de la identidad. Las pulpas de esa serie se cortan los tentáculos y se los vuelven a coser, como una forma de negar su herencia para volver a ser ellas mismas. Después de los pulpos hice sapos, inspirándome de los cuentos en donde hay que besar al sapo para volverse príncipe. Luego se fueron mezclando todos esos personajes, algunos venían de los cuentos y otros habían sido mi propia invención. La última serie de los lobos azules ya no tiene que ver con Caperucita sino que tiene su propia narrativa. 




jueves, 13 de agosto de 2015

SHAPED IN MEXICO LONDRES INGLATERRA vol.2










Texto de Elisa Mc Causland

Alicia es resistencia y contradicción. La niña díscola que se niega a entrar en el marco, la imagen que cae por la madriguera del Conejo Blanco. Un signo a través del cual poder hablar de la propia representación.
Alejandra Alarcón me preguntó una noche de verano qué significaba Alicia para mi. Le contesté que, para mi, Alicia era una posibilidad de verdad. Atravesar el espejo y sumergirse en LA OTRA oscura. Encontrarse con todo aquello que no se admite ser. Que no admites que eres. Boca abajo, con la sangre en la cabeza y el corazón en la boca, ¿ves por primera vez el mundo como verdaderamente es? Contra el espejo encuentras desesperación y Reinas de Corazones.
Y luego están los juegos -el cricket, el ajedrez. Porque hay que entender el sistema para poder darle la vuelta. Hay que sumirse en el caos para así desmontar el primer juego de todos, el lenguaje.
Entonces, el milagro. Alarcón logra ponerlo todo del revés con sus imágenes. Sus Alicias, abiertas todas ellas en canal, reconciliadas, son las generadoras de su propio sentido (o sinsentido). Alejandra le da un nuevo significado a caer por la madriguera. Su heroína flota. Suspendida sobre sí, invita a serlo todo desde el abismo de una misma. Empuja a renacer.
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Alicia is resiliency and contradiction. The naughty girl that refuses to be framed, the form that drops into the White Rabbit´s burrow. A symbol that enables one to talk about our own interpretation.
Alejandra Alarcón asked me once upon a midsummer night what was Alicia to me. I answered that Alicia became a possibility of truth. To traverse the looking-glass and plunge into one´s darker self. To encounter all that is shady, unrecognizable and hard to take in. All you don´t admit you are. Prone, with blood running towards your head and heart in your mouth, does one see the world how it really is for the first time? Through the looking-glass all you find is despair and Queens of Hearts.
Hence are games, cricket and chess. One has to learn the loop to understand and reverse it. Firstly, submerge in chaos in order to dismantle the primal game of all games, language.
And then, the miracle. Alarcón manages to revert everything with her imagery. All of her cut open Alicias, harmonized, generate their own function or non-function. Alejandra twists a fresh new meaning to plummeting head down the burrow. Her heroine floats and thus suspended entices all to burst whole from one´s own abyss. Thrusts to reborn.



































sábado, 30 de mayo de 2015

Cómo asumir que los tentáculos son nuestros Articulo de Mabel Franco


La palabra me sirve para moverme entre las niñas que Alejandra Alarcón ha dejado salir. Mutilar, coser, sangrar… los verbos deben conjugar con construir.



Mabel Franco, periodista

“Cómo hacerse cuerpo” titula la exposición de acuarelas de Alejandra Alarcón que espera al público en Artespacio CAF (Av. Arce esq. Clavijo, La Paz) hasta el 15 de junio. Una espera silenciosa, a oscuras, tan escondida está la galería para los ciudadanos que trajinan por ahí, la mayoría sin sospechar lo que esta vez los acecha. Porque bienaventurados los que ignoran esos ojos, piernas, tentáculos, fauces, cicatrices que hieren la palidez del papel.

Niño y niña, sobre todo niña, atraen la mirada de quien rodeado por seres en actitud de contradictoria placidez siente que algún misterio se empeñan en esconder/develar. Un misterio que comparten con lobos, pulpos y conejos que los acompañan o que son ellos mismos, a veces.  Sí. Algo saben y quizás ni Alejandra ha podido arrancarles el secreto.

La artista, cochabambina radicada en México, hace de la acuarela una herramienta poderosamente expresiva, como ya se vio con las caperucitas rojas rojas que no se borran de la memoria de quien las vio la década pasada. El color aguado en su caso no pinta sino que mancha el papel y de esa mancha emergen las figuras no del todo definidas, nunca. Es lo inquietante en esta muestra que recurre a obras de distintas series, de diversas épocas, y que en el conjunto crea un universo o que emerge o que se diluye, dualidad que crea profundo desasosiego.

"Una niña es el personaje principal de las obras. Es una metáfora en la que la pequeña representa a una persona cualquiera, un ser que se encuentra en un momento de su vida donde no tiene las cosas definidas, no sabe quién o cómo es, pero que también vive el proceso de encontrarse, hacerse o reconstruirse”, explica la artista.

Pienso en sus palabras. Miro a través de ellas las obras. Pero me pierdo en otros sentidos, algunos absolutamente en contra de esa dirección. ¿No entiendo? Me consuelo al saber que el espectador es quien proyecta su alma, su experiencia en el arte que no se cierra, que no se explica de una sola vez y para todos.

¿Qué absorbo yo, por si importase saberlo a alguien distinto de mí, de ese papel de algodón poblado de niños y de alusiones a cuentos supuestamente para ellos?

“Niña con pulpo en la mano”. Sus ojos azules absorben  mi mirada más que el pedazo de tentáculo que ella sostiene como un trofeo y que bien podría ser su mano.

Niña en capelo con pulpo”. El animal envuelve a la pequeña cuyo rostro no se ve, mientras ella teje medias para tentáculos, algunos truncos. Medias con heridas sangrantes.

“Pulpo verde con piernitas”. El diminutivo acentúa la fuerza de la escena: del animal emergen pares de extremidades infantiles con medias cubiertas de heriditas.

“Niña pulpo con un solo tentáculo”. Como una sirena, la mitad del cuerpo lleva tentáculos, sólo uno completo aunque recompuesto mediante costuras; el resto ha sido cercenado.

“Contigo. Niña dormida con títeres”. Los brazos en alto están enguantadas por dos conejos sonrientes; la pose del sueño es forzada, quizás placer, quizás dolor.

“True love”. Niña y niño, con las medias omnipresentes, acosan/cobijan a un conejito.

“Sirena”. Niña con la falda en alto, calzón con ancla impresa y un pez muerto a su lado.

No hay caso. La violencia, que es evidente, no puede ser sino destrucción.

Hay que mirar de nuevo.

Pensar en lo que dicen la mirada, la postura, la actitud de los personajes.

La violencia duele, pero no mata. No es muerte lo que pinta Alejandra. Claro, ahora lo voy viendo: “ser“ no es un acto de cuento de hadas; la niñez no es lugar apacible que el adulto imagina en su desmemoria; la niña sangra, pero esa sangre que por supuesto puede ser de muerte, que lamentablemente lo es muchas veces en lo cotidiano, también significa vida, ciclo menstrual, renacimiento.

“Cómo hacerse cuerpo”. El espejo múltiple, seriado, me devuelve ahora, en virtud de la palabra, una partecita del secreto: nos vamos haciendo y deshaciendo; a veces nos perdemos en la boca del lobo, pero podemos dominarlo, llevarlo a donde queremos. Ser Caperucita no es ser devorable. Es nuestra prerrogativa, después de todo.

La realidad nos cerca como un pulpo; la coyuntura nos hunde en el pesimismo. Por suerte está el arte que estéticamente restriega nuestras heridas para obligarnos a reparar en ellas. A pensarlas. Con pesimismo, ya; pero con ése que obliga a tomar decisiones propias, a sanarnos, a ser el titiritero, no al contrario. De eso se trata ser niña, sin importar la edad que se tenga.

¿Será así o ahora las niñas estarán muriéndose de risa detrás de sus tentáculos?