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miércoles, 22 de febrero de 2017

Articulo de María José Palma Borrego en referencia a la obra de Alejandra Alarcón

      

Toda producción es al mismo tiempo destrucción"
Hannah Arendt.






Relato de un encuentro. 

El encuentro con la pintura de Alejandra Alarcón ha sido totalmente fortuito. Buscaba un texto pictórico del que escribir una ponencia para el congreso titulado “Memoria encarnada. Emociones, cuerpos y migraciones en la producción hispánica del siglo XXI” que, organizado por la Universidad de Barcelona, “Bellaterra”,  tendría lugar en Cracovia (Polonia) en 2017, y buscando, buscando en ese dios laico que es internet, me encontré, como si se tratara de un suceso derridiano, con las acuarelas de Alejandra Alarcón. Sucedió el impacto si, la sorpresa y la gratificación visual por los colores, por los movimientos de los cuerpos representados en sus acuarelas en primer lugar, para convertirse luego en interés y posteriormente, ser reflexión y escritura de estas páginas.  


Elementos biográficos. 

Alejandra Alarcón nace en Cochabamba (Bolivia) el 4 de julio de 1976. Es licenciada en sociología. Posteriormente viaja a México  en donde obtiene la licenciatura de Artes Plásticas en el Instituto Nacional de Bellas Artes. Actualmente trabaja en los dos países, una dualidad o ambivalencia, que no es sólo cultural, sino que se ve también reflejada en el contenido que traslada a sus acuarelas.  

La deconstrucción del imaginario infantil y el paso de la sexualidad polimorfa a la sexualidad adulta.

La obra pictórica de Alejandra Alarcón muestra un universo de movimientos del cuerpo femenino y de metáforas animalisticas, en los que se desvela el descubrimiento de la propia sexualidad. El trazo de su obra acuarelística es fundamental y  se ajusta a un imaginario compuesto por percepciones infantiles, que se irá deconstruyendo a lo largo de su elaboración pictórica. Con él se desarrolla un ejercicio psicográfico, es decir, una escritura gestual entendida como acontecimiento. El dibujo le sirve como estímulo para la imaginación, favoreciendo así el juego de representaciones del descubrimiento de la sexualidad femenina y del placer.

En efecto, el resultado de dicha elaboración, deja signos, trazos, y posteriormente colores, que configuran los límites fluidos de su espacio psíquico, pulsional. Así lo vemos claramente en el empleo frecuente y fundamental del color rojo, que sitúa a Alejandra Alarcón como “sujeto femenino” deseante. Dicho espacio, o por decirlo de otra manera, su imaginario, está constituido por vivencias narrativas infantiles provenientes de la voz materna y/o maternante, que recoge narraciones colectivas intergeneracionales que dejan su impronta en el sujeto como huellas mnémicas, que se reactivan  en el proceso sublimatorio, que es en definitiva, el acto de (pro)crear. 

El resultado de este proceso sublimatorio, que se traduce en color, textura y pintura, es la formulación de un relato doble: por una parte, se trata de un intento de deconstrucción del imaginario infantil que es expresado en los cuentos infantiles, en donde la sexualidad masculina es vivida como amenazante y por ello, el mandato de la madre a Caperucita Roja: “no hablar con desconocidos”. 


En Alejandra Alarcón, el lobo que aterroriza a Caperucita ya no es un “lobo” como tal, sino que se produce en la joven una metamorfosis que trasgrede el mandato materno. Y  con la cara del “lobo” cortada y ensangrentada sobre su cabeza, y con sus uñas convertidas en garras, elemento fálico por excelencia, se identifica completamente con la sexualidad agresiva del “lobo-hombre”, y en donde la sexualidad femenina aparece ocultada y como semblante. ¿Metamorfosis o ambivalencia? En todo caso, movimiento de la pulsión que irrumpe hacia un afuera, rompe la dicotomía “humanidad”/”animalidad” en favor de esta última,  y se expresa como un deseo sin trabas, a través de la metáfora pictural de joven lobo-mimetizado, cuyo espacio  como el “bosque”,  es la escritura de una naturaleza salvaje,  primigenia,  a-cultural, anterior al lenguaje como la sexualidad polimorfa del bebé, sea varón o hembra. 

Un paso más allá o más acá, la dirección nunca está prefigurada, en su proceso de irrupción en la sexualidad adulta, la joven aparece de nuevo como semblante, con una identidad “falsa”, sin identidad, o por decirlo de otra forma, con una “identidad a medias”. En efecto, la Caperucita Roja que aparece en el lienzo ya no es la delimaginario infantil, sino que está a medias deconstruida, caperucita sin media cara. Su único ojo, quizás el que todo lo ve, es destruido por una nube roja repleta de pequeñas caperucitas que dejan paso a la sexualidad adulta con la aparición de la caperucita embarazada. ¿De quién? ¿Del lobo inseminador? Seguramente si o no, aunque el enigma quede aquí, en cómo se expresa el de la sexualidad y el deseo femenino, que desde la intelectualización y desde el discurso psicoanalítico, se puede sintetizar en la pregunta formulada por Lacan ¿Qué desea la mujer? 



El paso de la sexualidad infantil a la adulta, se traduce en el hecho pictural, en las distintas intensidades del trazo, en la deriva aérea de los cuerpos, en sus curvas,  en  la vibración y disposición de los colores y en el empleo y cambio de color: del rojo pulsional, que enfatiza el trazo en un ejercicio de intensidad y condensación, al negrovacío, color de las interioridades de la gruta, del sexo ciclope de las mujeres. Todo ello representa el tumulto del cuerpo, en donde la agitación interna está presente en las contaminaciones entre el interior y el exterior, entre las figuras y el espacio que éstas habitan, haciéndose unos y otros indistinguibles, diluidos. Este espacio se presenta también como representación de la madre bicéfala: caperucita, la buena y la reina, la malvada, que salen de un mismo cuerpo, tronco a dos que finaliza con la total deconstrucción identitaria de la hija, que finalmente separándose de la figura invasora y celosa de la madre-reina,  atraviesa el espejo.



El espejo, que es también el de la madrastra de Blanca Nieves, se rompe igualmente en el color, en donde la gama de negro y de grises perfila todo el encuadre, dejando ver exclusivamente el rojo del pelo como elemento de la sexualidad desbordante de la hija, rival de la sexualidad materna. La reinterpretación del cuento que hace Alejandra Alarcón parte de la noción de lo horrible sexual masculino que da a la pigmentación un valor de densidad.

Por otra parte, el digamos segundo elemento de la narración, es la construcción de un discurso propio en donde se manifiesta el intento de supervivencia de un “sujeto femenino” de deseo, separado y que ahuyenta sus propios fantasmas. A pesar de esta separación que construye, una natalidad cuya memorabilidad originaria, amniótica, se actualiza en diferentes etapas: el lienzo en blanco, elemento iniciático del trazo, algunas veces imperceptible para el ojo no avizor, sobre el cual Alejandra Alarcón superpone  colores -inscripción de la pulsión y del deseo- que desvela la presencia del artista en el acto creativo.




Un trazo, en efecto, en donde la solidez de la pintura se diluye en agua, elemento femenino-materno-originario. La acuarela técnica escogida por Alarcón. Junto a esta disolución materno-acuática en el pincel primeramente y luego en el trazo que impregna el lienzo, tenemos el pincel propiamente dicho, los pinceles, elemento fálico aunque impregnado de humedad, un pincel feminizado, que inscribe y escribe, en el acto pictórico, la diferencia sexual a partir de una constante ambivalencia. De una “mouvance” entre el interior del sujeto y un exterior histórico, sociológico y de género, que destruye la unidad identitaria que significa la relación simbiótica, fusional, entre la madre y la hija. Teta cósmica y bebé pintados de blanco y de azules degradados: celeste y azul lapislázuli, metaforización colorista del origen, del nacimiento y del Poder.

En este sentido, en cada una de las acuarelas de Alejandra Alarcón, existe una capacidad humana que por su propia naturaleza es comunicativa y abierta al mundo, y por ello trasciende y libera a éste, ya sea en su lucha por una o unas representaciones diferentes de ese imaginario infantil dado por la Cultura desde posiciones  feministas que cuestionan las identidades impuestas, o por la inscripción de un deseo-Otro de “lo femenino”. Esto implica también una representación-otra de la subjetividad de un “sujeto femenino” en la Cultura, que nos señala la intensidad del deseo que estaba prisionero en el “y/o”. 

La madre bicéfala.

De la constante ambivalencia en relación del sujeto pictórico con la figura materna, surge como Jano, la madre bicéfala, representada en las acuarelas sobre este tema, por una parte, como carente de identidad y por otra, con la introducción del color, identificada con lo burlesco del collar y de los zapatos de tacones, representaciones fetichistas de un cierto estatus social. En este sentido, podemos decir que en esta serie de acuarelas, el cuerpo de la mujer, todo él, tiene una función metonímica, es decir, el cuerpo de la mujer es reducido a un órgano: el seno nutricial.



A causa de la falta de identidad o quizás por ello, Alejandra Alarcón no nos habla de una maternidad concreta, la suya o la que está íntimamente ligada a su biografía, sino que nos representa a LA MADRE de una maternidad universal, poderosa, aérea y dadora de vida, que podríamos situarla, para seguir con la metáfora escogida por mí para simbolizar esta doblez, en una de las caras de Jano: la de la “buena madre”, la que la hija desea para luego separarse de ella y así poder construirse como sujeto deseante. Venus de Willendorf, Pacha Mama o la Diosa de las serpientes, tres ejemplos de una multitud infinita de representaciones históricas de la buena madre o madre nutriente, de la que El libro de la leche, es la actualización pictórica que lleva a cabo Alejandra Alarcón de esta maternidad universal y ancestral. Memoria arcaica que recorre nuestras vidas y que sólo el límite radical, lo Real que significa un “ya no”, la muerte física y no simbólica, hace desaparecer. 


Inseparablemente ligada a la madre universal y ancestral, junto a ella o siendo ella misma, la hybris materna, “la mala madre”, la dadora de muerte, portadora de “un tener”, pero no de “un dar”. Atrapada y por ello atrapante, araña, que en y con sus redes de leche fosiliza los deseos de la hija que quiere (sobre)vivir, que es lo mismo que vivir por encima de ella, fuera de su abrazo, sea del oso o no, estableciéndose así, el espacio necesario para que se desarrolle la vida del nuevo ser como forma de vehicular las pulsiones, y los deseos de éste que se trasladarán como fuerza inconsciente en colores rojos, verdes y azules. Colores empleados de forma constante en sus acuarelas. Esta otra cara de Jano, la de “la mala madre”, tiene  nuestra vida, pero puede no darla. Del cuerpo metonímico de la madre surgen pezones erectos, única representación fálica, que rompe la redondez femenina, como si el deseo que vehicula el trazo en el lienzo, su color ocre rojizo, quisiera eliminar su poder telúrico.





Esta “mala madre” que no abraza, que no protege, sin (a)brazos en las acuarelas de Alejandra Alarcón es y está junto a la “buena madre”. Estas dos figuras que son una misma, sabotea la lógica cristiana que hace que cualquier historia  de la sexualidad de las mujeres esté centrada en el hecho de la maternidad, y nos reafirma en el hecho de que la historia de la infancia o de la sexualidad infantil puede ser un preludio de la muerte o de la desaparición, quizás por el simple hecho de un nacimiento por cesárea o por el cosido que ya aparece en el conejo feminizado de Alicia. Inscripción también doble, pero huella mortífera que escribe la diferencia sexual en el cuerpo de una mujer. En el cuerpo abierto a causa de la maternidad. 

El fantástico mundo del erotismo infantil.

Hemos hablado en estas páginas sobre el proyecto de deconstrucción del imaginario infantil establecido por los cuentos, especialmente Caperucita Roja, Blanca Nieves y el personaje del conejo de Alicia en el país de las Maravillas, que lleva a cabo A. Alarcón en sus acuarelas. Pues bien, insistiendo sobre la idea que hemos señalado anteriormente del proceso de la construcción de la sexualidad, la pregenitalidad metaforizada en la figura del conejo, ocupa un espacio fundamental en esta etapa de construcción de la diferencia sexual, está ligada también ligada al concepto de “tiempo”, significante con valor polisémico al igual que “conejo”,  personaje de la novela Alicia en el país de las maravillas de Carol. Un “tiempo”, en efecto que se escapa rápidamente y que contrasta con la perdurabilidad de la pintura diluida de Alejandra Alarcón en el trazo. Lo que dice el “conejo”: “Me voy, me voy, se me ha hecho tarde” puede ser interpretado también como la expresión de una sexualidad infantil táctil, exploratoria, que lleva al sujeto a la “mort subite”, y en donde la ruptura del espejo, introduce al sujeto en la genitalidad, tenga ésta como objeto la maternidad o no. Pero ¿A dónde va Beni Bam? ¿Al país de la “mort subite” o a la adultez del sujeto pictórico en donde el deseo vuelve a funcionar en su recorrido por el sexo? Lo dejo ahí, como enigma de un camino, que es también el enigma del deseo y su relación con el objeto deseado.




Conejo blanco, que vive o muere en la gruta negra-gris o gris-negra de la sexualidad femenina, vulva, vagina, en todo caso, todo cuerpo-hembra-mujer, corazón dentado, agresividad, boca, las dos bocas de la mujer, devoradoras por momentos, son la expresión de una sexualidad caníbal, que destruye cualquier identidad o, por lo menos, la que sólo es representada por el agua. Sin cabeza o con la cabeza sumergida en la gruta gris-negra, y en donde la deconstrucción del cuerpo impone una metonimia, sólo es ojo, que no sabe hacia dónde mira puesto que el objeto de la mirada, no tiene representación, o en todo caso, está fuera de la representación pictórica. Una vez más, frontera del enigma de la sexualidad femenina enfatizada por la gestualidad del trazo en las acuarelas de Alejandra Alarcón.  






María José Palma Borrego
Escritora y Psicoanalista. 
Madrid, Enero 2017.


María José Palma Borrego, Doctora en Filología Francesa Especialidad: Literatura Femenina y Psicoanálisis. Formación psicoanalítica y filosófica con Julia Kristeva, Luce Irigaray, Jorge Alemán, Jacques Derrida, Hélène Cixous y Eugenio Trias. Destacan entre sus publicaciones:  Contra la igualdad, Historia del Movimiento de Liberación de las mujeres en Francia Ed. Univesridad de Cadiz, 2013,  Crítica feminista al Psicoanálisis y a la filosofía. Ed: Universidad de Cádiz, Dic 2000, Le livre des Apparitions, Ed.L´Harmattan Sep. 2011,  La psychiatrie fasciste espagnole. La logique d´un discours d´extermination. Deux cas cliniques Ed.Universitaries  Europeénnes 2016,  entre otros. Actualmente es 
presidenta de la Asociación para los Conflictos contemporáneos.

jueves, 28 de mayo de 2015

COMO HACERSE CUERPO Articulo escrito por Pedro Querejazu



 “CÓMO HACERSE CUERPO” DE ALEJANDRA ALARCÓN


Con ese título se presenta una exposición en el que fue inaugurada el lunes 18 de mayo y que estará abierta al público hasta el 15 de junio, en ArtEspacio CAF, en la Avenida Aniceto Arce No 2915, zona San Jorge, en La Paz, los horarios de oficina de esa entidad.
Alejandra Alarcón, "Zapatillas rojas, VII", 2006
  Alejandra Alarcón, “Zapatillas rojas, VII”, 2006
La exposición de Alejandra Alarcón está compuesta por 20 obras, todas acuarelas sobre papel, que han sido realizadas entre el 2006 y el 2013. Algunas forman parte de una serie y otras parecieran ser aisladas aunque mantienen una relación temática con la producción total de la artista. Las dimensiones de las obras van desde las pequeñas Zapatillas rojas, de 20 x 14,8 cm., hasta obras grandes de 77 x 55 cm., como Niña con pulpo en la mano. Las más antiguas son un grupo de siete obras de una serie titulada Zapatillas rojas, I-VII, realizadas el año 2006. Le siguen obras que son parte de la serie “El olor del Clan” realizada el año 2008, con obras como: Niña pulpo con un solo tentáculo, Pulpo verde con piernitas, Niña en capelo con pulpo, Niña con pulpo en la mano, y Niño con pulpo. Otras son: Caperucita la más roja, 2007; Contigo (Niña dormida con títeres), 2008; y, True Love (Dos niños con conejo), 2008; Contigo (Niña con títeres rojos), 2012; Sirena (Niña con calzón de ancla y pez), 2011; Cinderella ending (Caperucita volando con lobos), 2012; Vendrá el apocalipsis y tendrás tus ojos (Niña con laberinto de sangre), 2013; Caústico (Vestido y tijera), 2013;
Las obras de esta exposición llaman la atención por la sencillez y sobriedad en el desarrollo de los temas. Son acuarelas muy bien logradas, con lavados, chorreados, salpicados, todos muy delicados y suaves, con predominio del color rojo para las caperucitas y verde para los pulpos.
La pintura está sobre un dibujo con lápiz muy delicado, sutil, suave, de gran seguridad y finura en el trazo. Alarcón se muestra como una notabilísima dibujante y acuarelista.
Alejandra Alarcón, "Contigo" (Niña dormida con títeres), 2008
Alejandra Alarcón, “Contigo” (Niña dormida con títeres), 2008
La delicadeza del dibujo y de la acuarela remite tanto a la obra de la escritora y dibujante inglesa de cuentos infantiles Beatrix Potter (1866-1943), como a los dibujos informales o manga japoneses, algunos de cuyos autores representan voluptuosas mujercitas de ojos grandes e inocencia aparente.
Alejandra usa un innegable lenguaje de género femenino. La temática constante de su producción tiene que ver con la visión de género, donde uno de los roles analizados es el de la madre que cuenta historias con moraleja a sus niños. Ella ha escogido a varios personajes femeninos de los cuentos infantiles tradicionales. El personaje simbólico más frecuentemente tratado es el de la “Caperucita roja”, de Perrault y los hermanos Grimm, que según esos cuentos es una niña frágil, bondadosa, servicial, con sentido familiar. En el cuento es victima del acoso, persecución y seducción del lobo feroz, el género masculino representado como insaciable, ávido, rapaz y pertinaz.
Alejandra Alarcón, "Niña pulpo con un solo tentáculo", 2008.
Alejandra Alarcón, “Niña pulpo con un solo tentáculo”, 2008.
Tal como los cuentos infantiles tradicionales, que tienen varias posibles lecturas e interpretaciones en distintos grados de profundidad, así también son las obras de Alejandra que se pueden interpretar desde varios temas y puntos de vista. La obra de Alejandra Alarcón juega visual y literalmente con los temas y sus límites equívocos, ambiguos, la Caperucita roja en sus pinturas no es una niña, es una jovencita bella, sensual y seductora. Tiene un sutil pero evidente erotismo, desde lo formal de la ejecución hasta la ambigüedad y polivalencia de los significados. La jovencita que levanta sus faldas y muestra su calzón, la que corta con tijeras partes de su vestimenta, la que juega con títeres, la que pasea con feroces lobos, la mujercita que duerme y sueña con títeres.
Alejandra Alarcón, "Niño con pulpo", 2008
Alejandra Alarcón, “Niño con pulpo”, 2008
Como dije, la temática más frecuente es la de caperucita roja y el lobo feroz. Alejandra la ha desarrollado y presentado a lo largo de los años, notablemente una exposición en el Espacio Multifuncional de la Fundación Simón I. Patiño en La Paz. Alejandra trabaja con las ambigüedades y polivalencias semánticas de gestos y atavíos de la doncella, con su atuendo rojo, y el lobo. Ella es unas veces frágil niña, personaje delicado, y otras es seductora y sensual jovencita; mientras que el lobo una veces se multiplica en varios, es amigo, compañero de camino y, otras veces macho seductor, agresivo, feroz, violento.
Alejandra Alarcón, "Sirena" (Niña con calzón de ancla y pez), 2011
Alejandra Alarcón, “Sirena” (Niña con calzón de ancla y pez), 2011
Los personajes de los cuentos analizados y deconstruidos por la artista tienen siempre algo de fantásticos y de mágicos, pero no por eso dejan de ser verosímiles y posibles en la realidad. De hecho, el sentido de moraleja de varios de ellos debe estar basado en infinidad de historias tristes y hasta trágicas de la vida cotidiana. La deconstrucción y recodificación que hace Alejandra tiene también esos componentes de verosimilitud reconstruida y de moraleja verosímil en la actualidad.
Alejandra alarcó, n"Cinderella ending" (Caperucita volando con lobos), 2011,
Alejandra alarcó, n”Cinderella ending” (Caperucita volando con lobos), 2011,
Alejandra trabaja conceptualmente en torno a la transgresión de los límites implícitos en las historias tradicionales en las que se basa. Deambula ideológica y plásticamente sobre lo ambiguos y difusos que son los “límites”, que pueden convertirse en amplias zonas grises donde los símbolos y significados establecidos parecieran carecer de valor, contenido y sentido. Ha escogido los cuentos infantiles de tradición europea post-medieval para cuestionar la identidad dentro de la indefinición y la ambigüedad; plantea la cuestión de la identidad de la mujer y sus roles, como quien se mira en el espejo y se mira desde el espejo hacia afuera, hacia la imagen de quien se autocontempla, que se multiplica infinitamente. Allí surgen preguntas como: ¿Soy Yo?, ¿Esa es Yo?, ¿Cuál imagen es la real?, ¿Ambas o ninguna?, ¿Cúal es Yo?, ¿Cúal es Otro?, ¿Hay Yo?, ¿Hay Otro? ¿Es Caperucita doncella? ¿Es malo el lobo? ¿Está la identidad sustentada en raíces? ¿Es posible echar raíces en la indefinición, en la ambigüedad, en el “no lugar”?
Alejandra Alarcón, "Caústico" (Vestido y tijera), 2013.
Alejandra Alarcón, “Caústico” (Vestido y tijera), 2013.
Alejandra ha hecho con las posibles lecturas de la obra que aquí comento, algo semejante a lo que Quentin Tarantino hizo en sus películas Kill Bill, I y II (2003 y 2004); es decir, Alejandra se apropió de temas e imágenes de los cuentos infantiles y de otras fuentes, y los ha reelaborado desde la realidad del siglo XXI, con los que, además de desmontarlos y reconceptualizarlos, pareciera hacer parodia humorística y perversa de los mismos. Por ejemplo, alguno de los pulpos de las pinturas remite al terrible extraterrestre de Alien, el octavo pasajero, 1977, de Ridley Scott. Otras obras recuerdan inevitablemente a versiones recientes del cine de Hollywood basados en esas historias infantiles como Rapunzel, 2010, producida por Walt Disney Animation Studios, Red Riding Hood, 2011, de Catherine Hardwicke, sobre el cuento homónimo de los hermanos Grimm; Snow White and the Huntsman, 2012, de Rupert Sanders; Maleficent, 2014, de Robert Stromberg, basada también en las historias de Charles Perrault y los hermanos Grimm; o la teleserie que reúne todos los cuentos en una sola historia múltiple: Once upon a time; películas y serie de una Hollywood carente de ideas, que tienen marcado tono “gótico” y evidente perversión de los significados originales.
Alejandra oscila con su temática también en otros ámbitos ambiguos, entre la ensoñación y la vigilia, a la manera calderoniana; los sueños donde todo es posible y la realidad donde los aquellos pueden hacerse reales; también entre la alegría y el dolor, entre la sangre vital y la derramada con dolor y muerte, etc.
La sangre es un hilo conductor vinculado con el lenguaje de género, manejado también con múltiples significados, desde el rojo de la capa y la capucha, la sangre que sube desde la tierra a través de las zapatillas, tal como el mito clásico de Anteo, o la que baja desde los genitales, producto de la regla o de la violencia y que chorrea por las piernas derramándose en el suelo, o el laberinto de sangre en que se contempla la muchacha, cual Narciso (¿Narcisa?) contemporáneo.
Alejandra Alarcón es una de las artistas bolivianas más interesantes del momento actual. Se expresa artísticamente dentro de los lenguajes que hoy caracterizan el arte contemporáneo. Usa como medios de expresión aquellos lenguajes y técnicas tradicionales como la acuarela sobre papel, con formas y contenidos actuales (o los relativamente novedosos como la fotografía y el video, y en este medio es una de las más destacadas en la producción de video-arte, aspectos que no forman parte de esta muestra).
El tratamiento del cuerpo femenino por las artistas ya se hizo desde la última década del siglo XX, como Valia Carvalho (1969) en sus series e instalaciones: Carne silente, 1996, Miradas indiscretas, 1999, Bolivian Nobody, 2001; o Erika Ewel (1970) con sus series Autorretrato, I, II y III, 1999, Retratos de familia, 2007, Agua viva, 2007, por citar algunos ejemplos, entre las que también se puede mencionar la obra de Sol Mateo (1956), Bloody Mary, 1989, y años siguientes.
La exposición tiene un “Manifiesto” escrito por la propia Alejandra Alarcón, que se reproduce en el folleto que acompaña a la exposición, en el que explica los conceptos y las maneras de su arte y los motivos y objetivos que la guían. El eje del manifiesto es el tratamiento de la identidad y de las raíces que la sustentan.
Alejandra Alarcón, "Vendrá el apocalipsis y tendrás tus ojos" (Niña con laberinto de sangre), 2013

Alejandra Alarcón, “Vendrá el apocalipsis y tendrás tus ojos” (Niña con laberinto de sangre), 2013
La curaduría de la exposición, que ha estado a cargo de Douglas Rodrigo Rada, es estupenda, tanto por lo bien que presenta la obra de Alejandra Alarcón, como porque es casi imperceptible su gestión. Es así como, en mi opinión, debe hacerse la curaduría: mostrar la obra de los artistas. Rada forma parte de un grupo de artistas emergentes del siglo XXI, que hacen curaduría sobre la obra de los artistas de su propia generación. Preferiría ver a Rada como artista. La gestión cultural, dentro de la cual está la curaduría de arte, es muy demandante, tanto que se corre el riesgo de perder al artista a causa del desempeño del curador. Así les pasa a muchos artistas que se dedican a enseñar arte, acaban por ser profesores, algunos extraordinariamente buenos, y dejan de tener tiempo para ejercer su arte.



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