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jueves, 14 de enero de 2021

Aproximaciones a El libro de la leche y El libro de la sangre por Paola R. Senseve T.

Alejandra Alarcón, una precipitación

Aproximaciones a El libro de la leche y El libro de la sangre




 

Paola R. Senseve T.

Una mujer sin rostro me mira. Intenta tocarme, pero no tiene manos. Está fuera, de foco, de casa, en la intemperie, bajo el sol, sus cabellos surcan con el viento. Está partida en dos, es probable que no sea una mujer, que sean dos mujeres. Yo tengo rostro, yo la miro buscando. Yo tengo manos, las estiro para tocarla y sentir. Sus heridas de mujer están abiertas. ¿Qué es ser mujer? ¿Cuáles son las heridas de mujer? Esa mujer no tiene rostro, pero tiene vagina. Sus senos están inflados, de ellos brota un líquido que baja hasta unirse con otro líquido que surge desde la incisión que refrenda su maternidad. ¿Una mujer es una madre? ¿Una madre es una mujer? Si algo pasa en esta imagen, es que de repente me ha inundado. Ahora mis ojos están inmersos en un humor vítreo compuesto de leche y sangre. 


El párrafo anterior corresponde a una de las piezas que componen El libro de la leche y El libro de la sangre, series de la artista boliviana Alejandra Alarcón. La reacción al observarla es semejante a una transfusión, que líquidamente te recorre hasta convertirse en ti, es decir, dos cuerpos en un solo cuerpo.


A menudo imagino a Alejandra nadando, sumergida en agua, porque sé que es una actividad que practica, pero también porque la he visto pintar. Pintar respirando con ritmo, moviéndose aparatosamente para cubrir algunas grandes superficies con todo su cuerpo, como si el aire fuera agua. Como si el papel fuera agua y el agua fuera agua y sus dedos fueran agua también. Respirar, fluir. Alejandra Alarcón entiende el agua, la defiende y la reivindica como el país donde ha decidido vivir, como su hogar, como su medio de transporte y comunicación y alimentación y amor. Y para sorpresa de algunas -no mía-, también como tema discursivo: Alejandra milita una coherencia absoluta y constante.


Asumo que esa constancia de años de trabajo ancla su fuero en que aquello que tiene cualidad líquida, por naturaleza, no entiende límites; los pelea. Entonces la obra, o la idea, o la propuesta, no está terminada. La búsqueda no acaba porque rebalsa y transmigra a otros espacios y estadios, como la vida misma, a veces difíciles de controlar. Si lo pienso bien, esa delgada línea de distinción, entre necesitar controlarlo todo para crear algo y saber que el control puede ser una simple ilusión de los sentidos, es el vértigo artístico en su máxima expresión.


Siempre me ha interesado la estética particular y fluida de Alejandra Alarcón, que incluso en performances, objetos y videos logra diluirse. Pero en realidad, lo que evita mi aridez de observadora que hace años no parpadea frente su obra, es hacia dónde sitúa su atención la artista. Ella puede, por ejemplo, mirar historias que todas conocemos, pero mostrarnos sus zonas menos desérticas. Alejandra ubica esas narraciones, les pone una gota de su liquidez encima y a través de esos lentes nos hace ver una serie de verdades posibles y alternativas. Alejandra puede también, mirar su propio cuerpo, su maternidad y elastizarla o desdibujar las líneas que la contienen, como si sus líquidos se fueran a desbordar para no ser más ella, para ser todas o absolutamente nadie.


En el agua se deforma o se refracta el sonido. En el agua se alteran la mayoría de los sentidos. Bajo el deshielo constante que es Alejandra, también se refractan y se deforman las tradiciones. La reescritura es casi un género literario del que poco se habla, mucho menos cuando quien reescribe, no lo hace escribiendo. En reescribir lo “femenino” o lo identitario, siempre hay un conflicto, una urgencia, un peligro y un acierto; probablemente, la conquista del trabajo de Alejandra Alarcón es que logra que las cuatro se tensen al mismo tiempo. Otra razón del funcionamiento de esa reescritura es lo que no estamos viendo, esa imagen que falta –lo que sabemos que va a suceder- de la que habla Pascal Quignard, pero que en ella corresponde más bien al silencio, a la importancia de eso que no se está diciendo, como en la poesía y en la música.


Fuera de lo sensorial y lo formal, lo conceptual de estos dos libros es lo fluido también. Un vehículo de símbolos ultra encriptados: tentáculos, espinas, telarañas, medias ensangrentadas, granadas, lo animal, espejos o más, que habrá que tentar leer en un mar de significancias para aprehender un poco de cada propuesta. O el devenir de las aguas, líquidos amnióticos, lágrimas, sudor, fluidos vaginales y menstruación en movimiento por los conductos corporales, las venas, lagrimales, glándulas y otros. Dos fluidos/vehículos, leche y sangre, indiscutiblemente representativos de humanidad, pero también de las imposiciones sociales construidas para los cuerpos y lo sabemos, lo sabes tú que lees y ves, lo sabe Alejandra y lo sé yo que escribo este texto, que se trata de los cuerpos de las mujeres como territorios invadidos/colonizados/narrados por masculinidades dominantes.


No es gratuita la potencia de una obra de arte cuando carga todo un aparataje de consideraciones políticas transformadoras, de conceptos -me animaría a decir universalizados- que fueron, son y seguirán siendo relevantes. No es gratuita.


Alejandra Alarcón reescribe o narra o revierte o subvierte o trabaja con arte procesos que de forma regular son producidos social y políticamente, como la descolonización o la despatriarcalización. En estos libros que no son libros -y por qué no, en el extenso de su obra en el tiempo- la autora tomó la historia formal, una que sí estaba en libros libros y la reformuló soltándola a la realidad inmediata sin mayores preámbulos.


El agua, esa sustancia. El líquido, ese estado intermedio. El agua, ese líquido, el más usual. El agua recubre el 71% de la superficie tierra. El cuerpo humano está compuesto de un 60% de agua. Filtrar ideas líquidas o de manera líquida es quizá esa estrategia fulminante que tiene el arte y que casi siempre le falta a la política. Y es ese el feminismo/política que suele ser problemático porque no es moda; es más bien una construcción lenta de imágenes, descubrimientos, asociaciones, realidades. Y es ese arte que no usa la política -la política muy pocas veces usa al arte- porque es una deconstrucción personal, lenta, genuina e inalterable que gota a gota va ahuecando la piedra, que gota a gota forma el humedal que amenaza con ser tormenta.


Esto anterior se ve con solidez extraordinaria en ambos, El libro de la leche y El libro de la sangre; pero también en los más de 15 años en los que Alejandra Alarcón hace arte con el agua de su cuerpo, del mundo y de las acuarelas.


Por último, hermanada en ese entrar y salir de libros inexistentes, metiendo y sacando agua, desmontando arquitecturas estructurales, cuestionándose la médula –que no es sólida-, me pregunto: ¿qué es lo siguiente que nos va a inundar Alejandra Alarcón?, ¿la forma de qué recipiente tomará su cuerpo?, ¿hacia qué mar desembocarán todas sus corrientes?, ¿cuándo llegará su siguiente precipitación?


Prepararé la tierra. Esperaré. Germinará vida.


 

 Alejandra Alarcón, a precipitance

An approach to El libro de la Leche and El libro de la sangre

 

Paola R. Senseve T. 

A faceless woman stares at me. Tries to touch me but has no hands. She is out -of focus, of the house-, in the outdoor, under the sun, flying with the wind, her hair. She’s split in two, it is likely she’s not a woman but two. I have a face; I see her, searching. I have hands, I reach out to touch her and feel. Her women wounds are open. What is it, to be a woman? What are these women wounds? That woman has no face but does have a vagina. Her breasts are swollen, liquid streams from them and down to join even more liquid streaming from her motherhood endorsed incision. Is a woman a mother too? Is a mother also a woman? If something occurs within this image is that, all of a sudden, it has flooded me. Now my eyes are immersed in vitreous humor of milk and blood. 

That earlier paragraph is from one of the pieces that make up El libro de la leche and El libro de la Sangre (The Book of Milk and The Book of Blood), both series of the Bolivian artist Alejandra Alarcón. The reaction when observing her work is very similar to a transfusion; liquid quickly transforming until it becomes you; that is, two bodies in one. 

Very often I imagine Alejandra swimming, submerged underwater, because I know this is an activity she practices, but also because I’ve watched her paint. She paints breathing rhythmically, moving perhaps awkwardly to cover the great surfaces with her whole body, as if the air was water. As if the paper was water; and the water was water and her fingers too, were water. Breath, flow. Alejandra Alarcón understands water; she defends and vindicates it as the country she’s decided to inhabit; as her home, her means of transport and communication, food and love. And, as surprising this may be to some -though not me-, as a discursive topic: Alejandra withholds an absolute and constant coherence.

I assume that all the years of constant work anchor her inner self in that of which is liquid by nature, and understands no boundaries; it fights them. And so her work, or the idea/proposal, is not yet finished. The search doesn’t end because it floods and migrates onto other spaces and forms, just as life itself, sometimes difficult to control. If I think about it, that thin distinctive line between needing to control everything in order to create something and knowing that such control could be a mere illusion of all senses, and this is the artistic vertigo in its maximum expression.  

I’ve always been drawn to Alejandra Alarcón’s particular and fluent aesthetics; even in performances, objects and videos, her work manages to dilute itself. However, what prevents my barrenness as an observer that has not blinked in front of her work in years, is actually where the artist, she, places her attention. She can, for example, look at stories we all know, but shows us instead its more desertic regions. Alejandra locates these narratives, adds a drop of her liquidity and through those lenses she shows us a series of plausible and alternatives truths. Alejandra can as well look at her own body, her motherhood, and stretch it far as she un-draws all the lines that contain it, as if her liquid form were about to overflow and stop her from being her no more, to become every one, and no one at all. 

Underwater, sounds are deformed or refracted. In the water most senses are altered. Underneath the constant melting ice that Alejandra is, traditions are also deformed and refracted. Rewriting is almost a genre on its own that no one speaks about, little less when whoever rewrites, does not do so in written form. When rewriting an identity or what is “feminine”, there is always a conflict, and urgency, a danger and an accomplishment; perhaps Alejandra’s work conquest is that she manages to have all four tense up at the same time. Another reason for why this rewriting works is what we are actually not seeing, that missing piece -what we know is about to happen-, what Pascal Quignard talks about, but in her case it corresponds instead to silence, to the importance of what is being said, just like with poetry and music.

Aside from its sensory and formal fluidity, the conceptual approach in these two books also flows easily. A vehicle of ultra encrypted symbols: tentacles, spines, spiderwebs, bloody socks, pomegranates, animality, mirrors and more, to attempt to read in a sea of significance  to learn just a little with each proposal. Or the becoming of all that is water, amniotic liquids, tears, sweat, vaginal fluid and menstruation in movements through the body’s conduits, through its veins, tear glands and others. Two vehicles, milk and blood, indisputably representative of what humanity is, but also of social impositions, created for the body, and we know it; you, reading this know it and see it, Alejandra knows it and I, whilst writing this text know it, that it is about women’s bodies invaded/colonized/narrated by dominant masculinities.

The strength of a work of art is not gratuitous; specially when it carries a whole apparatus of transformative political considerations, of concepts -I’d dare to say universalized- that were, are and will continue to be relevant. It is not gratuitous.

Alejandra Alarcón rewrites, or narrates, or reverts and subverts, or works… with art processes that in a regular way are socially and politically produced, just like decolonization or depatriarchalizing. In these books that are not books -and why not, throughout her entire work- the author took the formal story, one that was in books-books and recreated it by releasing it to immediate reality without further ado.

Water, that substance. Liquid, that intermediate state/form. Water, liquid, the most common. Water covers 71% of the earth’s surface. The human body is made up of 60% of water. Filtering liquid ideas, or in a liquid way, is perhaps that fulminant strategy art has and politics lack. And this is the feminism/politics that usually is problematic because is not fashion; it is, actually more of a slow construction of images, discoveries, associations, realities. And it is that art that politics would not use -actually, politics rarely uses art- because it is a personal, slow, genuine and unaltered deconstruction, drop by drop hollowing the stone; drop by drop forming wetlands that threaten to become a storm. 

This aforementioned can be seeing clearly in both, El libro de la leche en El libro de la Sangre; but it can also be seeing in the more than 15 years that Alejandra Alarcón makes art with her watery body, water of the world and that of watercolors. 

Lastly, and twinned with this entering and exiting of non-existing books, getting water in and out, dismantling structural architectures, questioning herself to the unsolid core, I wonder: what will Alejandra Alarcón flood within us next? What shape will her body take? To which sea will all her currents flow to? When will the next precipitance arrive/be?

I shall prepare the ground. Waiting. Live will germinate.

Translated by Alejandra Estrada 

miércoles, 1 de febrero de 2012

SOY DIOS Libro de Paola Senseve





he tenido el honor de participar en la tapa del libro de Paola Senseve SOY DIOS

jueves, 29 de diciembre de 2011

Entrevista de Paola Senseve




Hay que destruir todo
Conversación entre Paola Senseve T.  y Alejandra Alarcón R.

La parte I de esta entrevista comenzó de manera formal. Le envié las siguientes preguntas a Alejandra por medio de inbox en el Facebook.

¿Qué tanto recuerdas de tu niñez?, ¿eres de esas personas que tienen vivos recuerdos de esa época?, ¿o tu memoria se ha ido construyendo de a poco?

Sí, creo que si tengo vivos recuerdos de esa época, pero también creo que la memoria es algo que se construye cada día, al final también es ficción, uno se reinventa cada vez al contarse, uno se ve a uno mismo de distintas formas en el tiempo, seguramente que a los 20 conté mi niñez de una forma diferente a como la cuento ahora. Lo que uno recuerda y como lo cuenta tiene que ver, creo, con como uno quiere verse, más que con como haya sido realmente. Y eso es algo que se actualiza cada vez.

    Cuando eras niña, ¿con qué jugabas? (según lo que recuerdes o lo que te hayan contado)

Jugaba con mi muñeca, era negrita, (mi mamá me compró una para que no sea racista), pero yo prefería jugar con las rubias, entonces cuando iba a las casas de mis amigas, aprovechaba de peinar largas cabelleras rubias. A mi hija negrita también la quería, porque era mi hija (la tenía que querer), pero no se la podía peinar, porque tenía cabello muy crespo. También tenía unos peluches, con esos no podía dormir, no me gustaba su piel peluda, pensaba que en la noche se podían volver lobos.  A parte de la negrita tenía otras muñecas (esas no tenían nombre a diferencia de la negrita que se llamaba Teresa), a las cuales prometía cada noche que iban a dormir conmigo “mañana”, y claro, cada noche me sentía muy culpable por no poder distribuir mi amor materno justamente y por mentir, porque sabía que no dormiría a con ellas nunca, solo con la negrita. Jugaba con las cosas típicas de los niños, cosas de cocinar (que me encantaba), con Playmovil, con Barbies a la que le hacía arreglos como cortarles el cabello o pintarles lunares (que les faltaban) y lo que más recuerdo es haber jugado mucho con mis hermanos…

¿Conservas algunos juguetes de tu infancia?  ¿Cuáles?

Creo que no, o sólo una muñeca que hice yo, lo demás se lo regale a mi hermanita.

 ¿Hiciste una muñeca?, ¿cuántos años tenías?, ¿cómo es la muñeca?
Sí, hice una como a los 8, y después otra más grande no me acuerdo a qué edad. La primera era de una tela de algodón (tokuyo), era pequeñita, como de unos 15 cm. Y la otra la que hice después era de una tela rosada, a esa mi mamá le bordó los ojos.
 ¿Crees que tu niñez, tus juegos, tus muñecas, lo que recuerdas y has construido; tienen que ver con tu arte y su temática?
Creo que sí y que no, pero en el sentido de que todo puede haber influido, no solo los juegos o muñecas, todo tiene que ver, no necesariamente la niñez. 
Muy personalmente. Cuando veo tus acuarelas te relaciono con la Lolita de Nabokov, una niña con un monstruo dentro y Lolita es una niña que está muy conciente de esa "maldad" de ese lado oscuro, pero no deja de jugar y de comportarse como niña. ¿Qué dices de eso?
Respeto tu lectura de Nabokov, como también la percepción que tienes de las acuarelas, pero no coincido contigo en ninguna. Hay una tendencia en el espectador de ver al artista personificado en su obra, pero no es del todo real, en mi obra hay un pensamiento respecto a un tema, una lectura entre tantas. Es una relectura de lo femenino, una deconstrucción de los cuentos infantiles. El cuerpo de una niña-adolescente, tiene un poder de seducción que ella misma, en un principio, no sabe como habitar. No creo que tenga “una maldad”, los cuentos infantiles tratan de normar este cuerpo que aun es más naturaleza que razón. Mi trabajo tiene que ver con esta moral, que muchas veces condena un habitar más natural, ctónico, dionisiaco, del cuerpo, en pro de una moral más domesticadora, civilizadora.

A lo largo de tu carrera artística, desde los comienzos, ¿qué conceptos, símbolos o temáticas no has abandonado? o ¿tus intereses y fijaciones artísticas han sido siempre diversas?
Creo que soy como pluri-monotemática, es lo mismo que vuelve de una y otra forma, pero alrededor de algunas cuantas temáticas que siempre son las mismas, depende por donde entre siempre termina como conectándose, o ampliándose, es como una gran red, que se interconecta. En la primera serie que trabajé Yocasta, Yo casta, yo castro, me interesaba trabajar sobre lo materno como un rol castrador, devorador pero a la vez nutricio. Después de estos trabajos inicié otra serie con niñas en su rol materno sin tener aún el cuerpo para ello; en estas piezas exploraba la maternidad como algo aprendido pero también como un cuerpo y una naturaleza en palpitación. Y ahí viene Caperucita la Más roja, donde comienzo a trabajar más seriamente con el imaginario colectivo de los cuentos infantiles. En la serie del Olor del Clan trabajé sobre las relaciones humanas y sus ritos de pertenecía, sobre la familia, sobre el destino que esta tiene para nosotros. En Amorte me interesaban las relaciones de pareja, la promesa de amor, como una condena, el amor sostenido a costa de partes muertas. Es a lo largo de todas las series (Yocasta, Caperucita la más roja, El Olor del Clan, Amorte, Cindirella Ending) que hubo siempre búsquedas que cruzaban todo; es decir: el cuerpo, la identidad, los fluidos, el otro, las relaciones de poder, la animalidad, la naturaleza, lo femenino, la violencia, las relaciones humanas, la maternidad, las relaciones de victima victimario, lo ctónico…

¿Te gusta provocar?
Mmm, no sé. Creo que no. Me gusta que algo pase. No sé si sea provocar la palabra, quizás me interesa más que se produzca un pensamiento, un sentimiento, una complicidad callada.

II

En esta parte II, hay un breaking point. Mis siguientes tres preguntas nos llevaron por otro camino; las preguntas y el tiempo que pasaba entre la formulación de estas y su correspondiente respuesta, a veces días después. Entonces, Alejandra, antes de contestarme, me escribió contándome sus inquietudes. De repente la entrevista dejó de ser entrevista y se convirtió en una conversación separada por los mismos intervalos de tiempo.

Paola querida, he escrito y borrado muchas veces estas últimas preguntas que me has mandado, mucho que decir, y a la vez muy polémico, al final he decidido poner algo muy sucinto. Esto es algo extra entre tú y yo, me da curiosidad: ¿por qué las preguntas? tú lees en mi obra alguna postura feminista, ¿cuál?, ¿por qué? (jaja, ya sé, no se vale que yo haga preguntas) pero es que de verdad, me da curiosidad, es un tema recurrente en las entrevistas. Siento que en mi trabajo podría haber, más bien, una postura que critica el feminismo de los 70s. .. Pero claro esa es mi percepción…

 Ale, ¿eres feministas?
Creo que no.

¿Por qué?

No me considero feminista. No me gusta encajonarme en ningún “ismo”. Simpatizo con algunas ideas que plantea el post feminismo.

 ¿Tu arte tiene algún compromiso?, ¿cuál?

Un compromiso conmigo.

Ale, voy a confesarte que sabía que ibas a tener un poco de conflictos con estas preguntas, por lo que vi en tu entrevista en el programa cultural El Escaparate; pero te explico por qué te las formulé. El tema de género, es mi interés principal este tema al hacer las entrevistas, a Rodrigo Bellott también se lo pregunté. No es mi intención hacer polémica, para nada, es comprender por qué "feminismo" es una palabra que crea rechazo; si es que sucede este fenómeno o no. Quiero saber cómo los artistas o las personas que generan conciencia crítica y conocimiento, perciben el feminismo y qué tanto les importa y qué tanto no les atañe la cuestión de género. Pero de ninguna manera mi intención es emitir algún juicio de valor sobre las respuestas de cada uno; es simplemente investigar.

Con respecto a tus preguntas, que por cierto me encantan y me gustaría ponerlas en la entrevista, si me das permiso, (en estas entrevistas se vale todo)...

Sí, leo tu obra desde el feminismo, pero ahí está el gran problema que planteo y es, básicamente lo que me interesa. Has hablado de tres feminismos: el feminismo de los 70, el feminismo digamos "general" y el post feminismo. Ahora, ¿de qué hablamos todos cuando hablamos de feminismo? Tú dices que criticas uno, pero que simpatizas con el otro. Quizá yo leo tu obra desde mi propio concepto de feminismo, y quizá si lo conversamos, estamos plenamente de acuerdo en nuestras acepciones. Ahora, tal vez sientes que no estás logrando tu intención, es por las mismas razones que yo te estoy haciendo esta entrevista. De todos modos, creo que para el arte, esto es secundario, que tú arte y mí literatura, digamos, no son feministas, simplemente son arte y literatura; y que lo que vaya a generar en quien consuma lo que producimos es otra cosa. En todo caso lo que me interesa es tu postura personal, por eso me encanta tu respuesta a la pregunta  – Por que no eres feminista.

Paola querida,  encontré algo que quiero compartirte: son citas de un texto que encontré en donde creo se aclaran temas que estamos tocando: te los copio y te paso también el link de la fuente,  (las siguientes citas son las que creo explican bien lo que también creo).

“El debate feminismo/postfeminismo, la crítica feminista a la pornografía, la reivindicación de una identidad fija o la aceptación de una identidad múltiple y ficcional, la sexualidad y lo transgenérico, el cyberfeminismo; han sido las cuestiones claves que han despertado una mayor polémica. En último término, el reto parece el de cómo abordar el feminismo en el horizonte supuestamente igualitario del siglo XXI.”
“En el foro se pone de manifiesto la polaridad esencial del debate actual: por una parte, desencanto con la rigidez del dogma feminista tradicional; por otra, reticencia a definir el feminismo como un movimiento en fase "post".”
“Cansancio del feminismo, o más bien del estereotipo de lo que significa ser feminista, pero al mismo tiempo temor ante la posibilidad de que el postfeminimo se entienda como el fin del feminismo, el punto muerto de la liberación y la igualdad."
“Pero también ven claro que el estereotipo de la feminista clásica es un corsé que la mujer de los noventa no quiere aceptar. Así por ejemplo, las mismas componentes del CAE continúan: "Se debe acabar con el mito de la "feminista", en la medida en que esta palabra refleja la lucha en un núcleo exclusivo de marginación. Y puesto que, además, no existe la "mujer" genérica, como una categoría universal".”
“Incluso las mismas Guerrilla Girls reconocen el postfeminismo como una manifestación positiva a favor de la pluralidad y la diversidad. "Bueno -afirman-, si piensas en el postfeminismo como en un pluralismo, entonces quizás estemos en un momento postfeminista porque, en efecto, existen muchas maneras de percibirlo". Es cierto que los términos no son la cuestión que más debe importarnos. Pero el esfuerzo de una generación por describirse a sí misma, por mostrar las diferencias respecto a otra anterior, es un indicativo de que una época siente que se han producido importantes modificaciones en la conciencia del "estar" mujer en el mundo actual. Negarse a aceptar las nuevas circunstancias puede no ser más que un estúpido prejuicio. Avancemos en algunos puntos polémicos y, para mí, reveladores de los cambios.”

“Creo que las artistas, las teóricas, y en general las mujeres contemporáneas, han elegido un camino en el que no se trata de invertir los roles, sino de reivindicar su capacidad de elección. Las artistas están actuando desmitificando, desajustando los valores establecidos para los géneros. Están haciendo herencia y memoria futura de su propia experiencia -construcción performativa de la "norma" diría Judith Butler- para disfrutar de la palabra por derecho propio, para dar rienda suelta a su propio placer.”


III
En esta parte III, que sigue siendo una conversación, se dilucidan algunas conclusiones.

Ale, he vuelto a leer el artículo que me pasaste y el último párrafo, me ha dejado un leve sabor de tristeza.
“La experimentación que podamos hacer desde la teoría y la práctica feminista sobre las transformaciones del género iluminará nuevas formas de estar en el mundo. Pero al final, será siempre una decisión nuestra, íntima de cada uno de nosotros, respecto a nosotros mismos y respecto a los otros/otras. La lucha más encarnizada, más amarga, de deseos y renuncias, será silenciosa.”
Ese último párrafo es la libertad. A eso me refería cuando te hablaba de los “ismos”. Es lo que pasa ahora con todos ellos, no solo con el feminismo.

Sí, sí, entiendo. Al  mismo tiempo, el texto reafirma el feminismo y  trata de eliminar, cambiar o aclarar el concepto; tal vez renovarlo.
Sí, es eso. El concepto hoy en día está en construcción, pienso yo. Intenta desafanarse de una carga ideológica que tuvo, por los hechos antes ocurridos.
 Deconstrucción.. HAY QUE DESTRUIR TODO.
Es por eso, también, el conflicto con tantas mujeres que no quieren ser feministas.
Ale, muchas gracias por tu tiempo y por esta linda conversación, que creo, es solo el comienzo de una gran destrucción.


la entrevista completa  aquí



Paola R. Senseve Tejada nació en marzo de 1987 en Cochabamba, Bolivia. Vive en Santa Cruz de la Sierra hace más de 20 años. Es egresada de la carrera de Psicología en la UPSA. Tiene dos libros publicados: 
Vaginario, ganador del II Premio nacional de escritores nóveles de la Cámara del libro y Petrobrás (2008); y Soy dios, ganador del Premio nacional de literatura Santa Cruz de la Sierra en la categoría de poesía (2011).