viernes, 3 de enero de 2020

Presentación del Libro de la leche en el Museo Fernando Montes








"La Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (FCBCB) presentó las publicaciones correspondientes a la 4ta versión del programa editorial “Letras e Imágenes de Nuevo Tiempo” convocada bajo el principio curatorial denominado “Los Orígenes de la noche”
El acto se llevó a cabo el viernes 20 de diciembre a las 19.00 en el Museo Fernando Montes (Calle Fernando Guachalla N. 476) dependiente de la Fundación.
Siete obras en formato impreso fueron las seleccionadas: Aquí y Ahora, Conversando con artistas cruceños, realizado por el escritor y periodista José Andrés Sánchez Exeni; La noche con Marraqueta Blindada por Pablo Alfonso Aramayo Mérida. En Imágenes están: El Libro de la Leche de Alejandra Alarcón, Fue mi Mejor Invención de María Riveros; Errografías de Anuar Elías Pérez; Serendipia de Salvador Joaquín Molina y Libro para dejar de Mirarde Carlos Mujia Ovando."
texto completo aquí











   






Periódico La Razón

VI BIENAL DE ARTE CONTEMPORÀNEO CONTEXTOS






La sexta versión de la Bienal de Arte Contemporáneo Contextos se inaugura este martes 17 de diciembre a las 19:00 en la Sala de Exposiciones del Centro Simón I. Patiño (av. Potosí nº 1450) La muestra continuará abierta hasta el 9 de febrero de 2020 y reúne el trabajo de 26 artistas de todo el país, que trabajan desde distintos medios de expresión que incluyen la instalación, el video, la pintura y el objeto, entre otros.

Esta bienal, cuya denominación completa es “Contextos UTOPÍA/DISTOPÍA”, ha sido curada por los artistas y gestores Ramiro Garavito y Douglas Rodrigo Rada, y está conformada por obras que aluden al contexto boliviano.
































































Artículo publicado en La Ramona de Opinión

Imaginando la utopía

Sobre la muestra UTOPÍA/distopía, parte de la sexta Bienal de Arte Contemporáneo Boliviano “Contextos”, que se encuentra en exposición hasta el 9 de febrero en el Centro Patiño de Cochabamba.


Autor/a: 
Te piden que imagines una sociedad mejor para todos. El lugar perfecto donde todo funcione bien y reine el bien común.
Imaginas un presidente enternado apoyado sobre su lujoso escritorio, coronado por un chulo andino y el cuerpo amenazante inclinado hacia adelante. Encima del escritorio, has puesto elegantemente una botella de dorado whisky Jack Daniels, un vaso con el destilado, una raya de cocaína, un atrevido almanaque de bolsillo de esos que dan en las imprentas o los talleres mecánicos con una mujer desnuda y la constitución que descansa soberbia cerca de las manos del presidente.
Imaginas una colonia de heridas en tu propia piel formando sus propias calles y avenidas. El lugar imposible es tu cuerpo. Te autopropagas una infección que hace pequeñas escaras que tienen su propia lógica de expansión y organización. Son finalmente la conquista de un territorio ideal marcado por la memoria de la enfermedad y de la creación.
Te imaginas un cielo de verdes nubes hechas de bolsas plásticas de las que venden con coca para el acullico. Las bolsas llenas de aire flotan en el techo de una sala blanca y van cayendo al vaciarse con los días, entonces tienes un piso de bolsas medio desinfladas. Un paisaje ideal, minimalista pero cargado con más de un significado.
Imaginas que eres de las montañas que, aquí y allá, rompen en el altiplano, un adobe es tu tierra y le pones un pedazo de alfombra de pasto sintético “sin raíces” encima.
Imaginas que finalmente has ocupado ese territorio perfecto y deseado y clavas, como los hombres que pisaron la luna o los escaladores que llegan a la cima del Everest, una bandera de Bolivia en el fondo del mar y la música y la fiesta acompañan la conquista, al salir te espera el cielo, el mar y la playa de otro dueño.
Imaginas que la bandera de tu país es la tricolor boliviana y que en la franja que representa el oro y las riquezas de tu tierra no tiene el escudo bordado si no la frase: estamos solos. Y por un momento te congelas y sientes que tú y el resto de sus habitantes están de veras solos.
Imaginas que el Palacio de Gobierno de Bolivia es una jaula de metal de no más de un metro de ancho por 60 de alto. La jaula está hecha de alambre y es como las jaulas donde embuten y venden hacinadas a las aves de corral en el mercado. El frontis tiene las 14 ventanitas y su gran portón hechos del mismo alambre y le pones de título de “Prisionero del Palacio” y eres el afilado artista contemporáneo Alfredo Román.
Te piden que imagines “aquel sistema social idealmente perfecto y deseado, planteado a comienzos del siglo XVI por Tomas Moro, para ser realizado y al que llamó ‘Utopía’, porque aludía al hecho de que no había un lugar (aún) en la tierra para tal sistema.” Te piden imaginar un lugar que no existe y es más en su convocatoria te piden que adelantes ideas en respuesta a tan inaplazables preguntas como: “¿Qué significado tiene la utopía hoy en día, cuando la condición humana posmoderna que habita nuestro tiempo contemporáneo ha inventado el término “distopía” como el lugar que habitamos o habitaremos fatalmente? ¿Puede haber algo como la post-utopía que busca simplemente extender las posibilidades de lo real? ¿Es aún una utopía? ¿O es la realización cínica de la distopía?”
Los que te lo piden han montado una exposición con ideas de lugares ideados y la han llamado “UTOPÍA/distopía”, los que convocan a imaginar y pensar en esos mundos ideales son los curadores de la sexta Bienal de Arte Contemporáneo Boliviano “Contextos”, Douglas Rodrigo Rada y Ramiro Garavito, y te lo piden si eres un artista boliviano como los autores de las obras más arriba descritas cuyos autores son, en orden de aparición: Christian Alarcón, María Edith Pereira, River Claure, Jaime Achocalla Quisbert, Alejandra Alarcón, Roberto Unterladstaetter y Alfredo Román, y que junto a otros  24  artistas participan de la Bienal organizada por el Centro pedagógico y cultural Simón I. Patiño donde se exponen sus obras hasta el 9 de febrero de este año.
En la exposición hay esos lugares imaginados, pero hay más. Hay deseos: deseos de conseguir un trabajo como Curadora de arte (Serena Vargas), de conquistar el mar, de que los feminicidios sean menos y sean atendidos por la justicia (Ivette Mercado y Steve Camargo), deseos de que lo que deseamos sea o no la razón, sea o no la democracia, sea o no el progreso (Roberto Valcarcel).
Hay también territorios hechos de pedazos de hilos y lanas de colores (Beatriz Oggero), de fotografías de mujeres de razas de todo el mundo cortadas de un libro para imaginar a “La mujer perfecta” (Erika Ewel), de grandes brochazos de pintura y palabras que describen un lugar como “Cleveland” (Keiko Gonzáles).
Hay mucho más, hay música, códigos QR (Alejandra Dorado y Wara Urquiola), hay textiles, hay corazones de porcelana, hay lentejuelas bordadas, color y fiesta; hay pensamiento y hay arte. La misma exposición se construye como un lugar de utopías y distopías, en un lugar posible dónde todos tienen las mismas posibilidades de imaginar, crear, de pertenecer y, de susurrarnos a los espectadores, en señales secretas, lo que en la serie El cuento de la criada le dejó escrito en latín una criada muerta a la recién llegada: Nolite Te bastardes Carborundorum (no dejes que los bastardos te pulvericen).
Porque si algo sabe la creadora de la serie, la escritora Margaret Artwood, al igual que los curadores de la bienal es que cuando la utopía ha pretendido hacerse realidad en nuestro mundo termina convirtiéndose en una aberración, “en un experimento funesto”, en una distopía pues. Un personaje de la misma serie sobre el mundo distópico de Gilead dice: “un mundo mejor nunca significa mejor para todo el mundo, siempre significa que será peor para alguien”.
Probablemente ese lugar perfecto que imaginó ese presidente coronado con un chulo en la primera sala de la exposición, o el que nos dejó solos, o la que nos pensó como heridas, o el que está prisionero en su palacio, o el que ve su barrio como un tejido de letreros y avisos, de necesidades al final, no se preguntaron lo que muchos de estos artistas intuyeron cuando les pidieron que imaginen al pensar en la utopía o distopía y que ahora nos lanzan como raudos dardos para ser agarrados en fracción de segundos antes de que la pregunta que llevan cargada, un lugar idealmente perfecto ¿para quién?, se haga polvo en el aire.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

"Escrituras contagiadas por Atacama" Monterrey México

El próximo jueves 3 de octubre a las 20:00 hrs. en la ciudad de Monterrey (México) inauguraremos la exposición: "Escrituras contagiadas por Atacama". Curaduria a cargo de Rodolfo Andaur, en el espacio  NoAutomático, proyecto expositivo dirigido por Eliud Nava y Rolando Jacob + equipo. Con el trabajo de los artistas Alejandra AlarconAna Alenso, Daniel de Paula, Katherinne Fiedler, Benjamin Ossa y Carlos Silva 











NoAutomático presenta Escrituras contagiadas por Atacama, una curaduría de Rodolfo Andaur.

El proyecto NoAutomático, dirigido por el curador y gestor cultural Eliud Nava y el artista visual Rolando Jacob, es un espacio expositivo en la ciudad de Monterrey para la difusión de las artes visuales, dentro de la comunidad regiomontana, la cual subraya como una de sus prioridades fundamentales la colaboración entre diversos agentes locales, nacionales e internacionales.

Bajo esta vertiente diversa y transfronteriza, NoAutomático ha realizado, desde su fundación en febrero del 2008, más de 130 actividades entre las que destacan exposiciones, charlas y seminarios.

En esta oportunidad, NoAutomático y su programa “desplazando el centro: apuntes sobre disidencia”, ha extendido la invitación al curador chileno Rodolfo Andaur quién ha sido reconocido, en diversos puntos de América Latina, por una serie de reflexiones que ha construido y producido desde el desierto de Atacama, específicamente, desde los límites nortinos de Chile.

Escrituras contagiadas por Atacama es una exposición que nace de las conversaciones entre Andaur y el escritor Juan Malebrán (Cochabamba, Bolivia), quienes a partir de sus erranbundeos por diversos puntos de Sudamérica han observado cómo la textura de uno de los desiertos más secos del mundo se extiende rápidamente hacia otras latitudes. Ante este contexto los cuerpos de los artistas visuales convocados Alejandra Alarcon (BO), Ana Alenso (VE), Daniel de Paula (BR), Katherinne Fiedler (PE), Benjamín Ossa (CL), y Carlos Silva (CL) han acarreado diversos imaginarios que expone el desierto de Atacama tales como: la desertificación, la arqueología, los estudios astronómicos y los recientes ecocidios.


El brote siempre sigiloso de la inerte tierra de Atacama ha sido la plataforma que inspira, en este caso, imágenes, videos, instalaciones y sonidos que son, en parte, la base argumental que revelará, desde una lógica exploratoria y poética, las diatribas de una región del continente americano que yace actualmente convulsionada por sus vaivenes políticos, sociales y económicos. 

viernes, 20 de septiembre de 2019

Leche (El otro hilo de Ariadna) de Andrea Martínez con Alejandra Alarcón, Susana Santoyo y Jazmina Barrera en el Museo del Perfume México











Charla sobre la experiencia de la maternidad.
Leche (El otro hilo de Ariadna) de Andrea Martínez con Alejandra Alarcón, Susana Santoyo y Jazmina Barrera.
+info http://bit.ly/2mdtXBx
Proyecto Sinestesia Olfativa
Curaduría de Iván Edeza
Fecha: 19 de septiembre 2019
Horario: 7:00 pm
Entrada libre
MUPE Museo del Perfurme
Tacuba 12, Cuauhtémoc
Centro, CDMX.

El Cubo Líquido, Tropicalización de la geometría Bogotá Colombia





EL CUBO LÍQUIDO 
















Flujo y congelación; glase en francés significa cristal, espejo y helado; transparencia, opacidad y agua…esta liquidez apunta en dos direcciones. Primero, hacia el flujo del nacimiento –el líquido amniótico, la “fuente”−, pero después, hacia la congelación de la estasis o la muerte –la estéril inmovilidad del espejo−. Rosalind Krauss En los primeros años de la URSS, en el marco de una gestación civilizatoria con aires de universalista, se instaló con fuerza una poética racionalista y geométrica, pilar de grandes preocupaciones industrialistas, modernizadoras que han dejado su impronta hasta la actualidad. En su despliegue, progresivamente se fue adornando de prácticas artísticas surgidas como su espejo cóncavo que, en su devenir geopolítico propagó unas pulsiones que se dejaron sentir, por ejemplo, en la Holanda de De Stilj, y la Alemania de la Bauhaus respectivamente. Sin embargo, la fuerza y la trascendencia de esta gesta racional y utópica, fue progresivamente desarticulada al calor de grandes acontecimientos y pugnas históricas. Dos guerras mundiales reorganizaron el mundo y sirvieron de condición para el surgimiento de una nueva hegemonía, aunque posteriormente disputada abiertamente en lo que conocimos como el tiempo de la guerra fría. Así, mientras los derroteros de aquella utopía civilizatoria y sus formas artísticas, comenzaban a redefinirse, replantearse, repensarse y articularse de otras maneras y con otras urgencias menos heroicas, en los Estados Unidos surgía un poco más adelante pero en la misma "línea de batalla" el expresionismo abstracto norteamericano; la geometría liberada, la racionalidad ahora sensible y “puesta al servicio de la libertad”. Y esto nos hace recordar las obras de Pollock y Jasper John desembarcando en la bienal de Venecia en aviones militares norteamericanos. Pero en el mismo tiempo de esta confrontación, de estos derroteros de la utopía que tenía sus momentos más visibles en Europa, Estados Unidos y el eco cercano de la URSS, en el continente suramericano se venía articulando un hacer distinto, que aun cargado de aquellos sueños épicos y sus despertares de media noche, comenzaba a fraguar otra manera de pensar y vivir la racionalidad, el sueño, la geometría... se colaban para sus procesos de fraguado otras aguas que no aparecían en aquellos contextos... reminiscencias prehispánicas, herencias del quilombo, concepciones aborígenes del cuerpo, temporalidades de ciudades nacientes, esfuerzos por generar identidades nacionales y abarcar fronteras territoriales lejanas. Es en estas condiciones que el artista uruguayo Joaquín Torres García comienza su reflexión para invertir la geometría, o la ecuación: nuestro norte es el sur... y más allá de tal inversión geográfica y conceptual, en su obra se palpaba ya una realidad distinta, y una mirada otra, con un impulso que daba cuenta de su propio contexto histórico, cultural y político, y con la capacidad de reapropiación y revisión contextualizada de aquellos problemas históricos, conceptuales y formales en esta otra orilla del mundo. Así se expandieron, amplificaron, flexibilizaron y modificaron notablemente las posibilidades de la geometría como problema en el arte, no sólo a un nivel estético que ya de por si fue su carta de presentación más epidérmica, sino y en gran medida epistémica, en el sentido de que a través de todo este proceso, se llegó a exceder al campo mismo del arte moderno con experiencias de participación horizontal del espectador en un intento de disolver las categorías de artista y público general como en el caso del Neoconcreto brasileño, la toma del espacio público como lugar de encuentro metaestético en el Cinetismo venezolano (desde el principio, una de las premisas del Muralismo Mejicano) y la reorganización de sus convenciones formales en el caso de MADI y Concreto invención en la Argentina y el Uruguay de la década de los treintas. “El Cubo Líquido” es un proyecto curatorial que integra a una serie de artistas latinoamericanos emergentes y de mediana carrera cuyas obras dialogan con esta tradición y continúan extendiendo sus posibilidades. Se articula a través de la participación de los artistas Alejandra Alarcón (BOL), Augusto Ballardo (Per), Luis Arroyo (Ven), Jessica Briseño Cisneros (Chi), María Fernanda Carlos (Gua), Joel Grossman (Col), José Hidalgo – Anastacio (Ecu), Ivelisse Jiménez (P.RI), Leonardo Moyano (Ecu), Federico Ovalles – Ar (Ven), Tayron Luna (Ecu), Juan Carlos Rodríguez (Ven), David Orbea (Ecu), Felipe Seixas (Bra), Jerónimo Veroa (Arg) y la participación de artistas referenciales como Eugenio Espinoza (Ven) y Darío Escobar (Gua). 



Néstor García. Bogotá, septiembre de 2019.